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D-RAIZ PRODUCCIONES, DEYANIRA COLIN, CARLOS CORTÉS Y PERIMETRO B. EN FÉNIX, LA LEYENDA

Durante la postproduccion del documental "Fénix, la leyenda" sufrimos maltrato, explotacion, amenazas, estafa, obstruccion y engaños por parte de ELEANE OROPEZA, ANGELICA JOSEFINA RAMIREZ CARREON, DEYANIRA COLIN PALOMARES Y CARLOS ALBERTO CORTÉS. 

CON EL APOYO DE BULMARO OSORNO DE PERIMETRO B


 RELATORIA GENERAL DE HECHOS.

Inicialmente, todo transcurría de manera adecuada. Obtuvimos el fondo y procedimos a contratar al equipo o, en su defecto, a definir quiénes realizarían la posproducción. El proceso comenzó sin contratiempos. Yo solicité expresamente que las personas que había elegido para la corrección de color y el diseño sonoro participaran en la película; sin embargo, ellas decidieron incorporar a su posproductor, Bulmaro Osorno (no recuerdo con precisión su segundo apellido), de Perímetro B. Hasta ese punto, todo parecía marchar bien.

La situación se complicó cuando solicité la música original, requisito indispensable, ya que PROCINE exige música original para la película. Les proporcioné el contacto de la compositora Daniel Olmedo para que la contactaran. Pasaron aproximadamente dos semanas sin que lo hicieran, argumentando que se encontraban ocupadas en otros asuntos. Cuando finalmente la contactaron, le ofrecieron $7,000 pesos por la pieza musical que cerraría la película. Con ese monto, la compositora debía componer, pagar músicos, grabar, masterizar y entregar el material final.

La compositora se comunicó conmigo para expresarme que estaba evaluando la propuesta, ya que el pago era muy bajo y, aunque somos amigas, el monto no le resultaba suficiente. Esta situación nos dejaba prácticamente sin música para la película. Ante ello, me comuniqué con Elian y Angélica para preguntar qué estaba ocurriendo y por qué se le había ofrecido únicamente esa cantidad. Me respondieron que ya no había dinero disponible y que el presupuesto estaba completamente asignado.

Desde el inicio les manifesté que, si el fondo resultaba insuficiente —entendiendo que se trataba de un fondo limitado—, yo estaba dispuesta a aportar dinero de mi propio bolsillo para pagar de manera digna a la compositora, ya que me parecía ofensivo ofrecer $7,000 pesos por un trabajo tan extenso y profesional. Me dijeron que sí, pero que de cualquier forma me mostrarían el presupuesto.

Cuando me compartieron el presupuesto en Excel, detecté varias inconsistencias. Tomé capturas de pantalla, y uno de los rubros que más llamó mi atención fue un gasto de $29,000 pesos en un DVD. A partir de ahí comencé a preguntar cuánto estaba cobrando cada integrante del equipo. Fue entonces cuando noté un desequilibrio importante entre los honorarios de equipos como el de diseño sonoro —integrado por seis personas— y la colorista, quien iba a corregir el color de una película de una hora, frente a lo que estaba cobrando Bulmaro, colaborador cercano y amigo de ellas. Su tarifa era desproporcionadamente alta.

Decidí solicitar cotizaciones en otros estudios y con otros profesionales del medio para verificar si el costo que él estaba cobrando era razonable. En todos los casos, las cotizaciones fueron significativamente más bajas; nadie igualó ni superó su precio. Esto me llevó a sospechar que las facturas de este colaborador estaban siendo infladas, posiblemente para generar un retorno económico para ellas. Mientras tanto, el proyecto quedaba sin música original.

A partir de ese momento comenzaron los conflictos. Ellas plantearon la posibilidad de declinar el fondo, cosa que yo no permití, ya que no quería perderlo después de haber trabajado en la película. Además, existía un monto de $81,000 pesos que ellas me depositaron en una videollamada, aclarando que no podía quedármelo, pues no había suficiente dinero para la película y debía repartirlo, quedándome únicamente con $6,000 pesos. Esto estaba reflejado en el Excel del cual tomé capturas. Así lo hice: recibí el dinero y lo distribuí entre el equipo, particularmente el de diseño sonoro.

Para poder declinar el fondo, ellas necesitaban que yo devolviera ese dinero. No lo hice y, por lo tanto, no se declinó el fondo. Contraté a una abogada —a quien nunca le pagaron—, con quien se había acordado un pago de $20,000 pesos por su asesoría. Ella elaboró el contrato de coproducción, el cual firmamos todas las partes. Yo cumplí estrictamente con lo estipulado en dicho contrato; ellas no. Cuando llegó el momento de cumplir cláusulas que no les resultaban convenientes, simplemente las omitieron.

A la fecha, desconozco el estatus real del proyecto. Durante meses solicité reiteradamente mis contratos para firma. Me enviaron versiones que señalaban que yo ya había cobrado o que estaba donando todo mi trabajo a la película. Desde el momento en que recibimos el fondo, yo dejé claro que tenía otro proyecto que editar y que prefería que otra persona realizara la edición. Me respondieron que no había tiempo, que una persona nueva tendría que revisar todo el material y que estábamos contra reloj, por lo que era mejor que yo lo hiciera. Acepté, pero nunca acepté hacerlo de manera gratuita. Era un trabajo remunerado, del mismo modo en que ellas cobraban su labor de producción. Posteriormente me enteré de que PROCINE exigía una reedición del corte como condición para otorgar el fondo.

Una vez entregado el corte, solicité mi pago y me respondieron que nunca me dijeron que hubiera pago, que ese trabajo constituía mi aporte a la película. Esto resulta injusto, ya que he aportado a la película durante más de tres años: trabajo, equipo, contactos y conocimientos. Considero que fui engañada para realizar un trabajo que debí haber cobrado.

Después de firmar, inicié formalmente la posproducción, quedando como coordinadora de posproducción, labor que tampoco me fue pagada. Solicité nuevamente mis contratos para regularizar la situación legal. Al resto del equipo sí se les entregaron sus contratos, los firmaron y recibieron los anticipos que yo misma exigí para ellos. Sin embargo, cuando llegó el momento de entregarme mis contratos, estos establecían que yo donaba todo mi trabajo. Posteriormente me enviaron otras versiones con cantidades distintas. Solicité por correo electrónico que se me explicara de dónde provenían dichas cifras, ya que, si iba a firmar un contrato en el que donaba mi trabajo, necesitaba claridad sobre esos montos.

A partir de ahí se desató un intercambio de correos muy conflictivo, con múltiples solicitudes y ofensas de ambas partes. Llegaron incluso a exigirme que comprobara mis aportes mediante un contador certificado y un auditor, presentando tickets, facturas y notas, aun cuando sabían perfectamente que mis aportaciones no fueron en efectivo, sino en trabajo, equipo, tiempo y conocimiento.

El 22 de diciembre me enviaron un correo informándome que no volverían a contactarme respecto a mis contratos, que la situación quedaría así y que continuarían sin regularizarlos. Dejé pasar los días, incluyendo el cambio de año. El 8 de enero, ante el silencio absoluto y el abandono del proyecto, les escribí para preguntar por los pendientes: subtítulos, música adicional, registros, cartas poder para los registros y, nuevamente, mis contratos, ya que yo sería la responsable de realizar los entregables conforme al convenio.

En respuesta, enviaron los contratos del resto del equipo, pero no los míos, y comenzaron a informar al equipo que la entrega debía realizarse el día 24 para el registro en INDAUTOR. Señalaron que el material podía entregárseme a mí, pero también a ellas, lo cual me hizo sospechar que planeaban contratar a otro posproductor para concluir la película, registrarla y entregarla a PROCINE como si nada hubiera ocurrido, con las cuentas maquilladas.


Quiero añadir también que, ante el estrés extremo al que me vi sometida por tener que editar la película en tiempo récord, sin recibir pago alguno y frente a la constante negativa a entregarme mis contratos, ocurrió un incidente grave de retención indebida del material.

Solicité el material conformado que había realizado el señor Guzmaro, a quien ellas contrataron como posproductor. Me respondieron que no podían entregármelo porque el disco duro era de su propiedad. Esto generó un nuevo conflicto, ya que yo necesitaba recuperar el material para continuar con la corrección de color. Debido a esta situación, se perdieron varios días clave del proceso.

Posteriormente me indicaron que podía copiar el material, pero no se me proporcionó dinero para adquirir otro disco duro. Cuando finalmente compré un disco con recursos propios —dinero que no provenía del presupuesto de la película—, me pidieron que enviara un mensajero. Así lo hice. Sin embargo, al mensajero se le dio una dirección en Nezahualcóyotl que no correspondía a la dirección de la productora. Al llegar, le entregaron un disco duro azul que no era el disco que yo había entregado originalmente al posproductor; se trataba de un disco de un terabyte que supuestamente contenía el material.

Al enterarme de esta situación, indiqué al mensajero que no recibiera el disco y que lo dejara en el lugar. Al investigar la dirección, descubrí que correspondía al domicilio particular de Carlos Cortés, codirector y coproductor de la película Fénix. Fue en ese momento cuando comprendí que se estaban realizando acciones a mis espaldas, sin mi conocimiento ni consentimiento, y que el material estaba siendo retenido de manera irregular.

Ante mis insistencias para recuperar el material, la productora Angélica Ramírez decidió subirlo a una carpeta en Drive, argumentando que podía descargarse desde ahí. Esta acción va en contra de los procedimientos técnicos básicos de la posproducción cinematográfica, ya que un conformado debe trabajarse directamente desde el disco duro; descargarlo desde internet implica tener que reconformar el material, con la consiguiente pérdida de tiempo y posibles errores. A pesar de la experiencia que ellas aseguran tener —más de 18 años en el medio—, parecían desconocer este hecho.

Fue necesaria la intervención de Yadira Colín, a quien le expliqué detalladamente la situación técnica. Finalmente, logré que las convenciera de entregar el disco duro bajo promesa de devolución, con el objetivo de clonarlo y entregarlo a la posproductora. Esto se consiguió cuatro días después, tras un periodo de alta tensión.

Como consecuencia de todo este cúmulo de estrés, colapsé emocionalmente y sufrí un episodio psiquiátrico. En ese estado, durante la medianoche del 28 de noviembre de 2025, tomé la decisión impulsiva de renunciar a la película y escribí un mensaje a todo el equipo comunicando que me retiraba, que dejaba el proyecto y que firmaría lo que fuera necesario.

La respuesta que recibí fue una amenaza por parte de Deyanira Colín, de la cual conservo el audio. Aunque ella lo borró posteriormente de la conversación, yo ya lo había descargado. En dicho audio señalaba que, dado que yo no estaba firmando y que me retiraba, ellas terminarían la película sin mí; que no les interesaba en absoluto la película como obra, sino únicamente cumplir con PROCINE, y que cumplirían “enlatando” la película.

Ante esta amenaza, me vi forzada a reincorporarme al proyecto, ya que no era mi intención arruinarlo ni permitir que la película fuera entregada en esas condiciones. En consecuencia, envié mensajes al equipo disculpándome por lo ocurrido esa noche y aclarando que no me retiraría.

Continué trabajando sin contratos, sin pagos y sin recibir el mínimo de empatía hacia mi estado de salud. Finalmente una semana antes de la entrega, me enviaron un correo intentando "despedirme" de mi propia pelicula, por la que trabajé sin remuneracion y soportando maltratos.


Así hemos continuado hasta la fecha. Actualmente, incluso, estoy siendo amenazada con una demanda.



PUEDEN REVISAR A DETALLE LAS PRUEBAS DE LO QUE RELATO EN ESTOS POSTS DE MIS REDES, AHI HAY CORREOS, MENSAJES DE WHATSAPP Y MENSAJES DE VOZ QUE DEMUESTRAN LO QUE DIGO.




https://www.instagram.com/p/DUCr2GrDpuJ/ ADJUDICACION / FALSEDAD DE DECLARACION






ME RESERVO MIS DERECHOS CONTRA LA EXHIBICION Y EXPLOTACION DE LA PELICULA DOCUMENTAL <<FÉNIX>>: LA LEYENDA






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